Este proyecto se questiona qué hace que el libro sea único y por qué, a pesar del progreso tecnológico, no ha sido reemplazado. Su permanencia no depende únicamente de su función, sino también de la relación física, simbólica y sensorial que establece con los seres humanos. En una época marcada por internet y la inteligencia artificial, el libro se convierte en un objeto de refugio que invita a la pausa, la presencia y la atención. Su materialidad transforma la lectura en una experiencia corporal y ritual a través del gesto, el tacto, el ritmo, el peso y el olor. Organizado en cinco movimientos fotográficos, el proyecto visualiza el vínculo entre el cuerpo y el libro, así como las cualidades que hacen que siga estando presente en la actualidad.














